Hay esperanza

Llegada tuya que entibió mi alma
y derritió la nieve con ternura,
de esos brincos que alegraron mi corazón
como tambores en presentación,
hoy
ya no se oyen,
y ahora en vez del frío roce de nieve
la nevada rompe mis ventanas.

Me congelo ante la ausencia extraviada,
en un dejo de vacío
y silencio caótico
y, sin embargo,
¡qué tan fuerte suena!
Estremeciendo mi alma
en las imágenes de un ayer dichoso.

Recuerdo se convierte en nostalgia,
que mata mi día y alarga mis noches,
pero que aún mantiene la sonrisa suave obsequiada,
que reconforta en unas lágrimas.

Pero aún en el ocaso de aquella ternura,
mantengo las velas encendidas
no importa cuántos ventarrones la apaguen,
hasta tu retorno se mantendrán vivas.

Anuncios

En busca de mi tesoro robado

Me convertí en marinero en tu búsqueda.
Naufragué con mi recién echo barco de madera,
de austral a septentrión,
atravesando los mares oscuros,
mas no encontré huella tuya alguna
solo barcos destartalados y tesoros de antaño,
que aunque valieran hoy un centavo,
valor para mí carecen
pues mi único tesoro eres tú.

¡Y me han robado!
Y se hacen sordos.
Y ahora, el pirata, ¿dónde te habrá escondido?

Espero que la fría tierra no te alcance,
y que la suave brisa te acaricie
que cuando llegue a ti
correremos bajo alturas verdes,
donde brincarás salvaje
y yo siguiéndote el salto.

No falta mucho para desembarcar a la última X del mapa,
que mi esperanza se haga oda con la puesta de sol,
y que las elegías acompañen al bárbaro
que tomó a la inocencia
¿dónde fuera a parar?

Voz, aguanta un llamado más,
que tras la colina se mantiene un grito que no debe escucharse,
por ello debo encontrarle antes que ello pase.
No importa si las cuerdas de mi voz se quiebren y no haya acordes después,
que las notas siempre estarán
y a tu encuentro, nuevas se crearán.
Solo espérame, que allá voy.

Ida

El reloj intranquiliza mi espera, le pregunto cuánto tiempo ha pasado y responde en fortísimo tic-tac. Suponer su irónica risa. Habré perdido la cuenta de cuántas veces ostigué al tiempo.

La Navidad ha pasado y mi deseo se ha esfumado, Año Nuevo llegó y las estrellas no alinearon. Tuve la esperanza del regreso de tu partida y, sin embargo, las desilusiones cayeron como lluvias torrenciales.

Los recuerdos me disparan. Un amor que se quedó estancado en un espacio-tiempo, con intenciones de todo y resultados de nada. Nuestros días de lluvia sin prisa, disfrutando tan solo nuestra risa. Que entre suspiros te pienso y que con cada silencio te necesito.  

¿Me echarás de menos? Mi insomnio no puede ante la sonrisa tuya del ayer que, aquí me ves, escribiendo  unas letras que quizá no llegarán a su destinatario. Murmurándote y gritándote a la distancia sin que sepas, con el fin de que, quizá, por casualidad llegues aquí, porque soy tan cobarde de ofrecerte mis rosas fuego intensas y que tú las tires, consumiéndose sin antes ser regadas.

Mis gestos quizá hayan sido engañosos —en su timidez—, pero mis versos no. Puede que te haya sacado de órbita, es de esperar, siempre me lo han dicho; pero hubiera preferido que te mantengas en pie y calmes las ondas incesantes en mí.

Desestabiliza mis hemisferios. Atraviésame de afelio a perihelio, ardiendo al atravesar mi Sol, que rara vez  en la calina se forman estratos a grandes alturas, como incendios forestales bajo nuestro roce. Consúmeme hasta ser cenizas.

A veces me torturo si en realidad fue real para ti, si las canciones que escuché fueron las adecuadas y no las desperdicié. Me duele ignorar nuestras melodías para no invocar los cielos grises. 

Te fuiste, a medias, con las cicatrices aún por sanarse y ahora hay más sangre de las que nunca hubo. Dejé aparcados mis vicios más insanos por ti, y ahora tocan a la puerta. Te acabaré olvidando, es una promesa,

pero

te mentiría si no espero tu regreso.

(Vuelve, quiero de nuevo mi hogar).

Llevar un chorro de agua

Hojas de otoño en caída de marzo,
cabellos nuevos por crecer.
Hojas caídas marchitas,
nuevas por florecer.

Me quedé embobada en el reflejo
de las aguas turbulentas
distorsionando mi espejo,
despido al barco de la chica que se quedó
en las aguas de un mar perplejo.

Los tremores en mi centro exaltan mi gravitación,
bailando vacilante en el camino lunar
acariciada por vendavales de música noir
dispuesta a despojar estas escamas
para bailar un buen vals esta noche,
cada noche.

Cosida a tu música

Se quedaron cocidas
miles de almas a una canción,
en un lugar desbordante de ilusión
y nerviosismo en la periferie.

Donde a pesar de la tromba
se incendió una hoguera
y en medio del humo, se grita:
¡Que no acabe esta noche! ¡Que sea infinita!

En medio del huracán de emociones
se abrazan nuestras voces
cual revolución llegada a su final,
mis pupilas llegaron a drenarse.

Aquí nos mantenemos inmutables,
aunque bajes de tu altura
y des paso a tu partida,
porque sin ustedes
no habríamos despegado nuestras alas.

Imposible olvidar las caricias de tu poesía en mis oídos,
que se gravó con fuerza incendiaria
bajo mi piel.

Los gritos de furia se desvanecen,
y mi voz queda opaca
entre los aullidos de estrellas
que se llevaron mi aliento.

Porque mi corazón a alzado la locura,
entre las inspiraciones
de revoluciones
alejándonos de la cordura.

Y aquí estamos,
los luchadores,
vociferando por última vez estos cánticos,
que no serán olvidados.

Diste calidez a estas manos
que se congelaban en un mundo frío.
Y aunque el faro se haya apagado,
nos mantendremos fluorescentes.

Los signos de puntuación no tienen calibre,
punto y seguido, punto aparte,
da igual.
Esta noche es hasta siempre
una historia inmortal.

Encuentro desafortunado

Súbito,
de golpe,
ipso facto,
en Marte
volví a verte.

Deambulabas sin prisa,
y yo con risa
hasta la sequía
te seguía.

Un paso, dos, tres,
y con ninguno te alcanzaba.
Ya con media mano a saludarte
partiste en tu nave
sin siquiera notarme.

Aún reniego por no atreverme a morir unos segundos,
pues mi voz te habría alcanzado
y ahora no estaría contando cometas
para ver cuál no lo es.

Mis palabras se ahogan en esa cobardía,
pero si otra vez se alinean los astros
con el regreso de una estrella fugaz,
ganaré con valentía
dispuesta a ser fugaz en sintonía.

Fin al Antracnosis

 Estaba infestada,
malezas me cubrieron,
y mis frutos se secaron.
La limpieza no servía,
ni por más que intentara.

El viento ya no tornaba en mi dirección,
y mi corola ya no giraba al sol.
La lluvia me ha derrumbado,
abatiendo mis pétalos
que nadan al olvido en un río desconocido.

Me encontré desnuda,
pues mis pétalos habían caído,
pero
ya no me encontraba marchita;
ahora podía florecer.

Pequeñas hojas verdes crecieron:
fulgurantes,
vivaces,
férreas
y espinosas.
La mano que me toque no se irá
sin antes un rasguño.

Las estaciones cambiaron,
y el sol resurgió.
Mis pétalos nunca antes habían brillado,
hoy,
resplandecen
como luz de día,
y en la noche,
soy fluorescencia.